Diccionario

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Artículo incluido en la edición Volumen IV :: No.2 :: 2008

LENGUAJE


La palabra “lenguaje” es simultáneamente una palabra común y una noción conceptual en la disciplina de la lingüística. En su acepción corriente, un “lenguaje” puede ser atribuido al mismo tiempo a los humanos, a los animales y a las cosas: se habla del “lenguaje” de las abejas, de los delfines, como se habla del lenguaje humano. Se habla también del “lenguaje” de las flores o de los colores: en este caso, se evoca un sistema de señales no verbales que tienen un sentido cultural y social definido. El lenguaje puede por lo tanto reenviar señales verbales emitidos por humanos, señales verbales emitidos por animales (por ejemplo, los ruiseñores), señales no verbales emitidos por animales (el caso de las abejas que comunican a través de los movimientos y direcciones de su vuelo), señales no verbales incorporados de forma convencional por objetos (el lenguaje de los blasones, de las flores, por ejemplo). Estos diferentes “lenguajes” son objeto de disciplinas autónomas. La lingüística procuró definir, entre estas diferentes acepciones de la palabra “lenguaje”, el único lenguaje humano verbal. En cuanto a la semiología, ella se asocia al conjunto de las señales verbales y no verbales. La etología se interesa por el lenguaje y la comunicación de los animales. A partir de aquí trataremos exclusivamente del lenguaje humano.

El lenguaje en lingüística

Ferdinand de Saussure: es a este lingüista genovés de finales del siglo XIX y de principios del siglo XX, considerado como el fundador de la lingüística moderna, que se debe un ensayo de aclaración conceptual de las relaciones entre las nociones vecinas que son: “lenguaje”, “lengua” y “habla” (“langage”, “langue”, “parole”). Colocando la cuestión del objeto propio de la lingüística, Saussure muestra que el “lenguaje” no puede pretender serlo, porque él es demasiado heteróclito, multiforme, sin unidad, “por encima de varios dominios, al mismo tiempo físicos, fisiológicos y psíquicos, él pertenece aún al dominio individual y al dominio social”. Solamente la “lengua” constituye, según Saussure, un objeto bien definido en el conjunto de las manifestaciones de la facultad de lenguaje, y constituirá consecuentemente el objeto mismo de la lingüística. Alejando de esta al lenguaje, Saussure alejará también el “habla”, designadamente, todas las manifestaciones concretas de la facultad de lenguaje: los discursos, los diálogos, los enunciados, los textos producidos por los humanos en los y gracias a los sistemas de las lenguas. Esta concepción será contestada como inútilmente científica, abstracta, a-social, poniendo al margen lo que es propiamente humano, designadamente las producciones del lenguaje de los interlocutores implicados en los intercambios y en las comunicaciones: se puede pensar aquí en las críticas virulentas del lingüista ruso Volochinov desde 1929 contra el formalismo abstracto; pero también en los lingüistas franceses contemporáneos de Saussure, como Antoine Meillet, Marcel Cohen o Charles Bally que afirmaron con vehemencia la naturaleza social del lenguaje.Sin embargo, esta concepción restrictiva del objeto de la lingüística tendrá importantes consecuencias heurísticas: desarrollo del estructuralismo, creación de la fonología, exigencias científicas en una disciplina de las ciencias humanas, etc. Lo que llevará la lingüística, en el plano internacional, a convertirse en la ciencia-faro hasta la corriente de los años 70. Esta exclusión del lenguaje (y del habla) del campo de la lingüística permitirá a esta disciplina adquirir un estatuto de cientificidad en las ciencias humanas y sociales.Con el estructuralismo perdiendo progresivamente su dominio en la segunda mitad del siglo XX, otras teorías y otros autores reintroducirán el lenguaje en los estudios lingüísticos. Se puede citar a Roman Jakobson: lingüista ruso huido del nazismo, fundador de la fonología estructural, se refugia antes de la 2° guerra mundial en los EUA donde se convertirá en uno de los más famosos lingüistas. Aún que haya sido uno de los actores de la introducción del estructuralismo en lingüística, este investigador se interesará por todas las manifestaciones del lenguaje humano – incluyendo la actividad poética. À él se debe una reflexión hecha famosa sobre las diferentes funciones de la comunicación humana, que se aleja largamente de una concepción restrictiva de la lingüística encarada como el único estudio de la lengua. Es también, en los EUA, la corriente de la etnografía de la comunicación (alrededor de Dell Hymes) que pone los usos sociales del lenguaje en el centro de sus preocupaciones. Se puede también mencionar el desarrollo de la sociolingüística (en la corriente de los años 60), cuyo objeto de estudio es el lenguaje inscrito en contextos sociales.

Lenguaje, actividad de lenguaje y prácticas del lenguaje

El lenguaje no es el dominio propio de los lingüistas: psicólogos, sociólogos, ergónomos, entre otros, están también involucrados en el lenguaje – ellos recogen el lenguaje, deben analizarla. Se puede distinguir entre: concepciones representacionales del lenguaje donde esta es comprendida como revestimiento semiótico del pensamiento o de las representaciones (de ahí los métodos de análisis de contenido); concepciones tecnicistas donde la comunicación es pensada como una pura transferencia de información (los servicios de comunicación de las empresas); concepciones constructivistas en las cuales el lenguaje es concebido antes de más como una práctica social – es la noción de “prácticas del lenguaje” que habíamos propuesto en 1976, que insiste sobre la dimensión praxiológica del lenguaje. Desde un punto de vista sociolingüístico, la actividad de lenguaje se desarrolla siempre en situaciones sociales: los participantes, los lugares, las acciones en común, las temporalidades, las relaciones sociales, etc., actúan sobre las prácticas del lenguaje y las determinan. Ellas condicionan las elecciones de lengua en situaciones multilingües, de estilos, de registros, los tópicos, los géneros de discursos, etc. Existe también una acción propia del lenguaje, un “actuar verbal” sobre las situaciones, que fue puesto en evidencia y teorizado por diferentes dispositivos teóricos: por el conjunto de la corriente de la pragmática, cuyo objeto es comprehender y describir el lenguaje en cuanto acto (en particular gracias a las nociones de performatividad, de enunciados performativos y de actos de lenguaje), por la corriente de la etnometodología. La actividad del lenguaje, al contrario de otros tipos de actividades humanas (andar, alimentarse, trasladar una pieza, trazar una línea, señalar con el dedo, etc.), se manifiesta necesariamente en el material específico que son las diferentes lenguas naturales y, de forma complementaria, una gran parte de las actividades humanas no verbales pueden ser descritas, comentadas, mostradas, explicitadas, narradas, criticadas gracias y a través de este material simbólico. Este material es al mismo tiempo colectivo y arbitrario: debe permitir exprimir el querer decir de los locutores y debe también permitir la transmisión a otro. Tantas características difícilmente conciliables que generan, en las interacciones sociales, una tensión constitutiva. Reconocer esta tensión nos sitúa desde luego en el opuesto de concepciones tecnicistas o instrumentales de la comunicación verbal, donde el proceso de producción de la palabra es pensado como un puro proceso de codificación unívoca y descodificación de un código, caracterizado por la incomprensión entre los interlocutores, como ya lo evocamos. En situación de trabajo, es el sentimiento que las palabras faltan o que son demasiado vagas para decir, por ejemplo, el sufrimiento asociado al ruido de un taller, o para comunicar la complexidad de un gesto de trabajo. Son las expresiones recurrentes de “es difícil decir”, “es complicado”. ¿Como poner en palabras, con las palabras de todos, el sufrimiento particular del calor y como el hacer compartir con un ergónomo o un médico de trabajo que no tiene ninguna experiencia corporal de este sufrimiento? Hay ahí una tensión constitutiva entre un querer decir y lo que es comprendido o lo que puede ser comprendido por el otro. La actividad del lenguaje es una actividad permanente de compromiso para tratar la tensión constitutiva entre experiencia singular y lenguas naturales colectivas, entre experiencia singular y transmisión al otro. Es una actividad de ajuste entre interlocutores durante las interacciones, un trabajo más o menos con éxito para convergir sobre compromisos locales, más o menos precarios o estables. Este “bricolage” permanente se desarrolla entre dos polos. En uno de ellos está la convicción que no se puede compartir con el otro su experiencia, que las lenguas son demasiado lagunares: es el grito inarticulado que está ciertamente más cerca de la experiencia corporal más subjetiva y más singular, pero que ya no asegura la comunicación intersubjetiva. En el polo opuesto, es la voluntad de hacerse comprehender por todos, de producir una palabra clara, unívoca e interpretable: es el discurso de la rutina, el “listo-a-hablar”, del estereotipo, que asegura la intercomprensión pero al precio de una palabra vacía de cualquier subjetividad, o mismo de sentido, como se vería más tarde con el lenguaje formateado del telemarketing o más ampliamente de la venta, y que moviliza, según la teoría de Vygotski, la esfera del lenguaje no intelectual.


Josiane Boutet