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Artículo incluido en la edición Volumen X :: No.2 :: 2014

INFORMACIÓN


La noción de información engloba acepciones y ámbitos muy diversos. En este breve repaso de la noción, vamos a intentar de precisar cómo ha sido abordada en psicología y, más específicamente en psicología del trabajo y en psicología ergonómica y cuál puede, o ha podido ser, su valor heurístico en el análisis del trabajo.

La noción de información se asimila frecuentemente en psicología a la noción de conocimiento, a algo que nos comunica significado; mientras que en la teoría de la información, el término “información” se refiere tanto al mensaje transmitido como a los símbolos o señales utilizados para codificar el mensaje.

Desde el inicio de la psicología científica ha habido interés por las cuestiones ligadas a la información, llamada a menudo “estímulo” o simplemente “señal”. Dos aspectos de esta noción fueron principalmente considerados:

- por una parte, ¿en qué medida el ser humano es capaz de procesar una señal en función de su intensidad? Esta cuestión va a dar lugar a los primeros estudios en psicofísica y al desarrollo de metodologías de medición y evaluación de umbrales de detección;

- por otra parte, ¿en qué medida el ser humano realiza con mayor o menor rapidez un tratamiento (proporcionar una respuesta) en función de la cantidad de información transmitida? Esta cuestión va a dar lugar a la elaboración de metodologías para estudiar el tiempo de reacción a estímulos más o menos complejos (por ejemplo, el método “sustractivo” de Donders, 1969) que serán retomadas a partir de los años 50 y que marcarán el auge de las metodologías denominadas de “cronometría mental”.

Así, vemos aparecer inmediatamente al principio de la psicología científica la preocupación explícita de tomar en cuenta la noción de información, principalmente bajo su aspecto cuantitativo, como variable explicativa de la dificultad o facilidad para efectuar ciertos tratamientos.

A partir de los años 40, dos acontecimientos sucesivos y complementarios en torno a la noción de información van a permitir llevar a cabo numerosas investigaciones. En primer lugar, la teoría de la información de Shannon, teoría matemática (probabilista) cuyo interés es de posibilitar la cuantificación de la información transmitida por una fuente y ver, en función de la naturaleza del canal por el cual transita, cual es el procesamiento realizado por el receptor. Luego, el surgimiento en los años 50 de las teorías cognitivistas  llamadas  “del tratamiento de la información  simbólica” que consideran al individuo, en referencia al funcionamiento de la informática emergente, como un sistema de tratamiento de datos. Pronto se hizo patente para los psicólogos que podían establecer un paralelismo entre estos dos sistemas conceptuales: el sistema de información de Shannon y el sistema humano de procesamiento de la información, como lo muestran los diagramas de Edwards (1971, pp. 42 et 44).

Cuando se comparan los dos modelos, se puede apreciar inmediatamente la superposición de sus componentes; salvo que en el modelo humano las fuentes del ruido no están representadas. La ausencia de este componente se revela problemática en el análisis del trabajo porque éste corresponde a todas esas variables explicativas individuales y contextuales que pueden modificar la percepción de la señal por parte del receptor / operador. No obstante, la teoría de la información va a aportar a los psicólogos del trabajo y a los ergónomos la metodología para medir la cantidad de información transmitida por un sistema técnico o por un ser humano y, para observar la utilización que hará el operador / receptor; sobre todo en los casos donde pueden aparecer múltiples señales y cuando su probabilidad de aparición no es conocida de antemano: situaciones de control de objetivos en una pantalla, de activación de alarmas, de acontecimientos imprevistos en los sistemas más o menos automatizados, etc.; pero también en los contextos de presentación de una cantidad de información definida previamente en función de ciertas exigencias: presentación más o menos rápida de la información, procesamiento simultáneo o compartido de estímulos procedentes de varias fuentes, etc.

Dos nociones principales de la teoría de la información serán operativizadas para analizar el trabajo:

la noción de “bit” que es la cantidad mínima de información transmitida por un mensaje, y constituye la unidad de medida de base de la información procesada por un sistema técnico o por un operador humano: cuando el operador recibe la información correspondiente a un suceso que tiene una oportunidad sobre dos de aparecer, procesa un bit de información; de la misma forma cuando considera los diferentes eventos que pueden producirse como si tuviesen la misma probabilidad;
la noción de “entropía” que se refiere a la medida de la incertidumbre sobre el tipo de señal que aparecerá en un momento dado y que depende de tres aspectos: del número de eventos que pueden advenir, de la probabilidad de su presencia y de la experiencia anterior del individuo con este tipo de situación.

Durante los años 60/70, numerosos psicólogos utilizaron el marco metodológico de la teoría de la información para analizar las situaciones de trabajo. En Francia, este enfoque fue desarrollado sobre todo por Ombredane y Faverge (1955), del cual se puede encontrar un estudio crítico en el artículo de Cuny (1982). De la misma manera, la mayor parte de los trabajos presentados en el libro de Ochanine (1971) “El hombre en los sistemas automatizados”, se sitúa en la misma línea teórica y metodológica. Estos trabajos defienden la idea de que el operador humano puede ser considerado desde el punto de  vista de un determinismo probabilista. En otros términos, cuando se analiza el trabajo, la actividad del operador puede ser predicha a partir de modelos matemáticos que toman en cuenta la cantidad de información a la cual el operador está expuesto y la probabilidad de aparición de las señales.

Este enfoque del análisis del trabajo dio lugar a numerosas investigaciones experimentales y, en menor medida, a investigaciones aplicadas. Se puede encontrar en un artículo de Faverge de 1953 una presentación de estas metodologías así como ejemplos de posibles aplicaciones en el campo de Human Engeneering (estudio de la cantidad de información memorizada sobre la base del valor de la entropía; cantidad de información recibida en función de la cantidad transmitida en el curso del aprendizaje de una señal; estimación del tiempo para captar y utilizar una información sobre la base de la información transmitida; aprendizaje de la probabilidad de aparición de ciertos eventos; medida del umbral absoluto de detección de una señal cuando esta conlleva varios valores próximos). Sin embargo, como lo subraya Cuny (1982), estas investigaciones presentan sus propios límites al no incluir en el análisis del trabajo las características individuales de los operadores: “en lo esencial, las posibilidades diseñadas en el marco de la teoría de la información están supeditadas al principio que vincula la eficacia de la conducta (del trabajo) al valor de los mensajes que llegan al operador. Según este principio, las dificultades, los errores, como los logros en el trabajo, tienden a depender en mayor medida de las modalidades de la comunicación que produce este mensaje que de las aptitudes o ineptitudes, consideradas como componentes estables del individuo. El valor del mensaje se define, en este marco, en términos de cantidad de información transmitida y más precisamente, en términos de captura de la “información útil” (p. 62, traducción libre del autor); útil para la finalidad de la tarea en curso. Esta última noción, introducida por Ombredane y Faverge (1955), corresponde a la información efectivamente utilizada por el operador entre el conjunto de informaciones (señales) a las cuales puede estar expuesto. El asunto que ocupara por lo tanto a los psicólogos del trabajo y a los ergónomos será el de la compatibilidad entre las características de las señales transmitidas por un canal y las características del operador que procesa las informaciones. Los enfoques “Human factors” en los EE.UU, se han inspirado ampliamente de esta búsqueda de compatibilidad para estudiar la interacción entre la persona y la máquina.

Siempre en el marco de la teoría de la información, un gran volumen de trabajos en ergonomía se ha centrado sobre el estudio de los umbrales de detección de señales. La Teoría de la Detección de Señales (TDS) y las metodologías que la acompañan, muestran que la respuesta del individuo expuesto a una serie de estímulos no depende únicamente de la intensidad de éstos (posibilidad de codificar o no), o de la sensibilidad del individuo para discriminar las señales del ruido (señales no pertinentes para la tarea), sino que la respuesta depende también de las estrategias del operador que le conducen a tomar una decisión: estrategia conservadora que le orienta a dar una respuesta correcta únicamente cuando está seguro de haber detectado la señal o, estrategia arriesgada que reduce los criterios de certidumbre en la decisión y lleva al operador a generar un número más importante de falsas alarmas (respuestas incorrectas). La teoría de la detección de la señal ha sido ampliamente utilizada en ergonomía para estudiar las situaciones de vigilancia donde se trata de detectar, por ejemplo, señales que aparecen en una pantalla de manera más o menos esporádica.

Por último, la noción de información, bajo su aspecto cuantitativo, ha producido una literatura prolífica y estudios abundantes en torno al concepto de “carga mental de trabajo”. Desde este punto de vista, la carga mental se debería a una sobrecarga informacional. Esta idea está basada principalmente en los trabajos de Broadbent (1958) quien postula que el ser humano dispone de un sistema de procesamiento atencional de la información de capacidad limitada, llamado “canal único de procesamiento” que estaría saturado cuando el individuo debe procesar demasiada información, o informaciones que se suceden con suma rapidez, o que proceden de múltiples fuentes. Una de las metodologías para medir la carga mental derivada de esta concepción es aquella de la “doble tarea” que consiste en pedir al operador que ejecute dos tareas, una principal y otra secundaria, y en saturar más o menos su capacidad de procesamiento con la ejecución prioritaria de una de las tareas, y ver, cual es la capacidad residual restante para realizar la otra tarea (aumento o disminución del número de errores). La principal crítica dirigida contra este enfoque de la carga mental es la de considerar que la capacidad de procesamiento del individuo es una constante, a la vez intraindividual  et interindividual.

Otra variante explicativa de la carga mental de trabajo menos exigente, puesto que no postula una capacidad de procesamiento constante, es la propuesta por Wickens (1984) en términos de “recursos múltiples”. En este modelo, la capacidad de procesamiento del operador está metaforizada como un depósito de recursos de naturaleza distinta correspondientes a diferentes modalidades de tratamiento de la información. Estos recursos pueden ser solicitados simultáneamente siempre y cuando no sean incompatibles para realizar una tarea; por ejemplo, dos tratamientos diferentes, visual y auditivo. Aunque este modelo toma en cuenta el aspecto cualitativo de la información, el aspecto cuantitativo continúa siendo todavía determinante (para más precisiones sobre la noción de carga mental del trabajo, referirse al artículo de esta revista: Cánepa Díaz, C. (2013). Carga mental. Laboreal, 9(1), 109-112. http://laboreal.up.pt/es/ articles/carga-mental/.

Aunque las metodologías basadas exclusivamente sobre la teoría de la información no sean más utilizadas hoy en día para estudiar el trabajo, en el pasado han permitido ciertos adelantos en el análisis ergonómico, entre otras cosas, para mejorar los puestos de trabajo y la calidad de las interfaces hombre/máquina: la concepción de sistemas de señalización que toman en cuenta la calidad de los estímulos presentados, la concepción de dispositivos que tienen en cuenta la compatibilidad entre señales y respuestas y las estereotipias, diseño de alarmas que indican las situaciones de riesgo, acondicionamiento de situaciones de trabajo donde los operadores están saturados con demasiada información, etc.

Sin embargo, hoy en día, en los modelos cognitivos del procesamiento de la información aplicados al análisis del trabajo, el aspecto cuantitativo ya no es preponderante. En el análisis de la actividad, se trata de saber mayormente cual es la significación que los operadores dan a su trabajo: ¿cómo razonan y planifican, porqué adoptan ciertas estrategias para procesar o no la señal, cómo la experiencia anterior influencia el procesamiento de la información, cómo las circunstancias medioambientales, el estado de fatiga del operador, o su estado atencional actúan sobre la situación de trabajo? Actualmente, interesarse en el procesamiento de la información es hacerlo también por las características de los estímulos, por los valores del “ruido”; en otros términos, por las variables individuales y contextuales que influencian el procesamiento de la información.


Javier Barcenilla