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Artículo incluido en la edición Volumen X :: No.1 :: 2014

HISTORICIDAD


El acervo que ha conquistado la revista Laboreal en sus casi 10 años de existencia, ha permitido que el término Historicidad comparta fuertes relaciones con otros términos. Entre los más directos se encuentran: Tiempo (Alvarez, 2010), Actividad (Schwartz, 2005), Metis (Matos, 2009), Norma (Nouroudine, 2009), así como Experiencia (Oddone, 2007) y Dialogismo (Faita, 2013), que dejo como referencia a los lectores.

Con el uso de este vocablo, a lo largo de un historicismo, no se pretende hacer apología del pasado para responder a los problemas del presente, ni tampoco anticipar el futuro. Con este término, se puede hacer incidir en un pensamiento que ayude a comprender que las subjetividades, como experiencia humana, son producción una histórica. La propia emergencia de la noción de subjetividad y de la pretensión de la psicología como ciencia, se pueden situar en el mismo movimiento contradictorio del advenimiento del capitalismo: la idea del trabajador libre... para elegir a quién vender su fuerza de trabajo, etc. El trabajo, además de una abstracción, y su protagonista, en sus actividades, están encarnados, es decir, son de carne y hueso. Estos también se ven atravesados por la historicidad, en forma de rastros, pistas, fragmentos en la historia, ya que se conservan más. Es decir, el viviente humano se constituye dentro de un contexto socio histórico, incluso cuando no es consciente de ello. Si tenemos en cuenta el sentido de historicidad, él también tiene historia.

El concepto de historicidad pretende ser útil para poner en perspectiva la dinámica temporal y espacial de las acciones, así como las experiencias de los humanos (como las que se dan dentro del plano lingüístico). No se trata de un movimiento que incorpore la historia como telón de fondo, sino que se trata de aprehender en la historicidad, algo constitutivo de la producción de sentidos en nuestras vidas, que implique pasar de largo las ilusiones monológicas, la creencia fetichista de la objetividad absoluta, la claridad y la certeza. Hablar de historicidad, además de las determinaciones y de lo directamente observable, remite a asumir el desafío de lo inusitado, de lo complejo y aleatorio. No se trata, por lo tanto, de colocarse en un campo estricto de comprobación, sino de un espacio-tiempo de diferentes interpretaciones en confrontación.

Tal y como sostiene Canguilhem (2011), y lo ha estado desarrollando Schwartz (2000), el medio nos es "infiel" y varía. Para controlar la vida ante las infidelidades del medio desafiando las normas antecedentes y, en su interior, los límites eventuales y equívocos prescritos, los vivientes ejercitan su capacidad normativa, vuelven a singularizar y normalizar, y generan nuevas "infidelidades", cuando intentan volver a centrar el medio como suyo, ya sea de forma provisional, parcial o infinitesimal. En esta doble anticipación, lo que Schwartz (2010) entiende como estructura general de la actividad humana utilizando como paradigma la actividad de trabajo; una miríada de determinaciones e indeterminaciones configuran la compleja historicidad de los vivientes, incluido el humano. En esta situación, lo imposible y lo invivible se relacionan de forma sinérgica.

Continuando con la obra