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Artículo incluido en la edición Volumen III :: No.2 :: 2007

GÉNERO


Presido un Comité de la Asociación Internacional de Ergonomía, que se llama Gender and Work, lo que se traduce por “género y trabajo". Estoy, por lo tanto, considerada como una especialista en la materia y debería poder definiros lo que es el género y por qué los ergónomos se deben interesar por este asunto. La definición de la palabra género pasa por una distinción con la palabra "sexo". Se utiliza "sexo" para designar las características determinadas, en los hombres o en las mujeres, por los cromosomas y, "género”, para las características, habitualmente más interesantes para ergónomos, determinadas socialmente (Messing et Chatigny 2004).

 

Ahí está. Salvo que... no es tan evidente. Primero porque en ergonomía la palabra "género" tiene también otro sentido. Efectivamente, Clot y Faïta (2000) la utilizan para hablar de las maneras de hacer comunes que hacen que las personas de un mismo oficio se reconozcan. Pero a continuación y sobretodo porque, cuando volvemos a reflexionar, la palabra empieza a cambiar de forma, a morderse la cola, a fluctuar en el aire y ponerse justo fuera de nuestro alcance.

 

De hecho, mismo en inglés, cuanto más la palabra "género" se pone de moda, más las paradojas se acumulan. ¿Qué quiere decir esta descripción del Journal of Women´ s Health (http://www.liebertpub.com/publication.aspx?pub_id=42): "la revista es el recurso esencial para los avances punteros... en la biología basada en el género”? ¿Qué podría ser "biología basada en el género”??? ¿Un simple problema de escritura o de distracción? O bien ¿hay aquí un problema fundamental de definición de estos conceptos?

 

Yo me enredé en esta paradoja cuando se procedió a la revisión de un artículo en inglés sobre el reparto de las tareas -con fuertes componentes físicos- entre los hombres y las mujeres que ejercen el oficio de auxiliares sanitarios en los hospitales (Messing et Elabidi, 2002; ver también Messing y Elabidi, 2001). Hombres y mujeres sufrían, aproximadamente en la misma medida, de problemas lumbares. Varios hombres y mujeres del servicio se quejaban de que las mujeres no hacían o no podían hacer su parte del trabajo físico. La observación revelaba que las mujeres hacían mucho más que su parte de las tareas identificadas como físicamente exigentes por el personal, pero que se recurría sobretodo a los hombres algunas veces, raras pero que no se pueden subestimar, donde las circunstancias exigían un esfuerzo extraordinario o cuando había un peligro físico impresionante. Nosotros concluimos que los estereotipos sobre los hombres y las mujeres sustentaban una sobrecarga física para los dos grupos (sobrecarga crónica para las mujeres, aguda para los hombres) y obstaculizaban la prevención de los problemas lumbares.

 

La redacción de la revista me señaló que el texto era incoherente, refiriéndose unas veces al sexo, otras veces al género. Yo quedé indignada (Francamente! Si doy cursos sobre eso!) pero antes de pulsar la tecla "Enviar" solo para tener el espíritu tranquilo, me puse, a re-escrutar el texto para asegurarme que cada elección de término era justificable. Para darme cuenta que cada decisión me exigía saber, para cada fenómeno observado, cual era la parte respectiva de la genética y de la educación. El problema se planteaba desde la recepción del pedido. El personal de los dos sexos (¿géneros?) siente la necesidad de un estudio ergonómico. ¿Es un problema que releva de la biología? ¿De la definición y de la distribución de las tareas? Efectivamente, formular correctamente la cuestión requiere que se sepa de avance el resultado del estudio. Y, mismo al final, se debe decir: "¿es el sexo (¿o el género?) de los auxiliares sanitarios que es responsable por las diferencias en la capacidad de levantar cargas?" La elección de la palabra corresponde a tomar una decisión sobre la parte de las hormonas, de la nutrición, del "saber-hacer", del entrenamiento físico, de la fatiga asociada a las responsabilidades domésticas, de la motivación, del orgullo masculino, y de cuantos otros factores en la construcción diferenciada de estas capacidades. Y, para los ergónomos, la elección del término se complica por nuestra comprensión de la importancia de la interacción entre la persona y el puesto (ver para ese efecto el capítulo 3 de Messing [2000]). El hombre de tamaño mediano será colocado en desventaja si los instrumentos, los equipos, los arreglos son demasiado pequeños y viceversa para las mujeres. Sexo y género parecen íntimamente entremezclados.

 

No es el único tipo de situación problemática. Los hombres sufren más problemas de rodillas que las mujeres, y estas más de problemas de cuello (Arcand et coll., 2000). Un análisis de factores de riesgo hace realzar que ciertos elementos de su situación respectiva de trabajo podrían estar implicados y explicar las prevalencias de problemas de cuello (Stock et al., 2007). ¡Ah! Por lo tanto, se habla de diferencias ligadas al género. Pero se ve también que las trabajadoras que sufren de subpeso tienen menos frecuentemente dolores de cuello, y esto a un nivel estadísticamente significativo, mientras que los hombres delgados tienen significativamente más problemas de cuello. ¿Diferencia ligada al complemento hormonal de los dos sexos? ¿Al hecho de que el dolor de cuello está asociado al trabajo sentado al ordenador y que los hombres con una constitución más fuerte están más frecuentemente en empleos que tienen una mayor componente de esfuerzo dinámico, mientras que este factor jugaría menos en el caso de las mujeres?

 

Se ve que la decisión entre género y sexo se hace muy difícil. ¿Es importante para los ergónomos? Yo respondería que, si el término no es muy importante, la reflexión que ella impone lo es inmensamente. En el caso de las diferencias de tamaño y de fuerza, los ergónomos deben de ser sensibles a la concepción de equipos y espacios, lo que tiene por efecto la exclusión de uno u otro sexo (género) o su exposición a un mayor riesgo de perturbaciones músculo-esqueléticas (TMS). Por ejemplo, en el último congreso PREMUS, Pete Johnson presentó el origen de la distancia entre los toques del teclado del ordenador: ¡las dimensiones de la mano del 95avo percentil de los hombres! Lo que, de acuerdo con él, aumenta el riesgo de TMS para las mujeres y los niños. Otro ejemplo: el hecho de olvidar que las mujeres deben esconder sus senos en empleos donde ellas son fuertemente minoritarias resulta en equipamientos (ejemplo cinturones de instrumentos con una correa que pasa entre los senos) que las mujeres no quieren llevar.

 

Hasta ahora menciono solamente a las mujeres. Pero hay también retos de género para los hombres. ¿La preponderancia de accidentes y de accidentes mortales entre estos es el reflejo de una flaqueza genética? ¿O de la división sexual (¿basada en el género?) de los riesgos?

 

En el marco de las diferencias hombres/mujeres al nivel de la prevalencia de las quejas (TMS u otras), los ergónomos deben ponerse en guardia contra los estereotipos que sostienen que tal o cual sexo es más sensible por razones genéticas, o que tal o cual género se queja por nada. El examen de la división sexual de los empleos, de las condiciones de empleo, de las tareas y de los modos operatorios y de su adecuación con los programas de formación es esencial a la comprensión de los fenómenos que interesan a los ergónomos.

 

Y, entre las pistas de transformación consideradas por los ergónomos, tal vez sería necesario incluir cambios en las relaciones sociales de sexo en el trabajo. Bernard Pavard (Wisner et coll. 1997: p.1) dijo "el análisis ergonómico del trabajo (...) debe de ser dirigido por el conjunto de problemas identificados sobre el terreno y que hacen sentido relativamente a un objetivo de mejora de las condiciones de trabajo, vida y de producción de la empresa".

 

Entonces ¿qué hacer con nuestra palabra? Actualmente tengo tendencia a utilizar "sexo/género" o a utilizar uno de los dos precisando que no tengo la intención de hacer la determinación del origen original de los fenómenos. Pero, teniendo en cuenta la ignorancia actual en la materia diría también, parafraseando Léon Zitrone "que se hable bien o mal del género, poco importa. "!Lo esencial, es que se hable de ello !"

 

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Karen Messing