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Artículo incluido en la edición Volumen I :: No.1 :: 2005

ACTIVIDAD


Omnipresente en nuestro lenguaje cuotidiano, la noción de actividad permanece, sin embargo, en un estado nebuloso, cambiada como una moneda usada, sin vehicular con ella trayectorias del pensamiento balizadas u operacionales. En esto ella se distingue de los conceptos estructurados que, por eso mismo, benefician de una prestigiosa historia intelectual, como la “acción” o la “producción”.

 

Sin embargo, hace cerca de una decena de años, podemos constatar efervescencia y renovación de esta noción en diversos campos científicos. ¿Porqué esta efervescencia y porqué hablar de “renovación”?

 

“Efervescencia”: la noción de actividad se hace base o ingrediente de abordajes teóricos, en campos de donde ella no estaba ausente pero en los cuales permanecía conceptualmente poco explícita. El horizonte que llamaremos, en sentido lato, de la subjetividad en acto es como un “lugar natural” para la idea de actividad: cualesquiera que sean los ángulos de abordaje o teorías del sujeto, sujeto del deseo, sujeto del lenguaje, sujeto de aprendizaje, sujeto pensante,... sin espacio de debate del “sujeto” con sus recursos, su historia, frente a la necesidad de asumir su presente, sencillamente no existe objeto para las diversas ciencias humanas aquí evocadas. La actividad está grabada en las mismas, pero hace unos diez o quince años, ella instrumenta explícitamente o rediseña las fronteras, los objetivos, las metodologías de estos diversos campos: las investigaciones sobre la actividad cognitiva, la acción y la cognición situadas, la psicología y la clínica de la actividad, la pragmática del lenguaje. Sectores de confluencia, como la gestión, intentan apropiarla y formalizarla con la noción de “actividad colectiva”, y de modo muy sintético, la ergología.

 

Sin dudas corrientes como el interaccionismo en la sociología, una mejor apreciación del pragmatismo filosófico, extensiones nuevas de la fenomenología tuvieron su papel. Pero nos permitimos una hipótesis: la promoción de la noción de actividad, a partir de los años 80, por esta corriente de la ergonomía que fue justamente caracterizada como “ergonomía de la actividad” (Faverge, A. Wisner, P. Cazamian…), desarrollada en la Europa francófona, en Escandinavia, en Suramérica, pudo representar un papel importante en la transformación, en concepto matriz, una noción hasta entonces nebulosa en estas diversas ciências humanas.

 

Hablando de forma esquemática: el interés por “lo que está siendo hecho / lo que se está haciendo” característico de los debates del sujeto encuentra, principalmente con la distinción entre trabajo prescrito y trabajo real, una perspectiva mucho más amplia: la actividad se hace en el lugar de una dialéctica donde ahora es preciso articular los debates del sujeto con todos los tipos de normas aprehendidas en el horizonte históricosocial.Estas normas deben ser pensadas como anteriores a los sujetos que con ellas tienen que lidiar, pero es también la historia de estos sujetos, anterior a estas normas, que permiteabordar localmente el resultado de las negociaciones de donde resulta, a cada vez, la reconfi guración del medio. Con esta reposición, la actividad sale de las disciplinas apenas del sujeto para ser un caldero profundamente enigmático de la historia, atravesando los campos disciplinares.

 

“Renovación”: ¿por qué hablar de renovación de esta noción? Porque esta noción de actividad no ha sido siempre esta moneda usada omnipresente, pero sí una noción sobre la cual nadie se detiene, que no provocava interrogaciones o perplejidad. Hemos podido mostrar en otras oportunidades que ella tuvo su época de oro en la filosofía, de E. Kant (fin del siglo XVIII) a Marx, bajo el término alemán “Tätigkeit”. Hoy no nos parece inútil retener de esta historia que la actividad entró en la filosofia para intentar designar aquello que es conceptualmente inalcanzable, mismo si el campo de uso se distendió: la actividaden Kant es primeramente lo que indica la aportación al acto de conocer, de facultades completamente heterogéneas, y por lo tanto cuya cooperación es en el sentido próprio indescriptible, inconceptualizable. Vía Hegel, Marx, y la psicología soviética (Vygotski, Léontiev…), esta noción sintética y transversal va a ser literalmente apropiada por los ergónomos de la actividad en el inicio de los años 80, pero para designar no más solamente un problema de construcción de conocimientos, como en elinicio, pero sí un problema del “hacer industrioso”: y a través de esta expresión, encontramos una segunda fuente filosófica del concepto actual de actividad, aquella que desde Platón, los Clásicos, Bergson, A. Leroi-Gourhan, G. Canguilhem…, se pregunta también que rara cooperación entre el cuerpo y el espíritu, el saber y el hacer, la rutina y la renormalización, hace posible la competencia industriosa.

 

¿Que lecciones sacar de esta historia para verla claramente en la “efervescencia” presente?

 

A nuestro ver, que el concepto de actividad, importante para toda inteligibilidad de nuestra historia e intervención en nuestro presente, es marcado por tres características esenciales:La trasgresión: ninguna disciplina, ningún campo de prácticas puede monopolizar o absorber conceptualmente la actividad; ella atraviesa el consciente y el inconsciente, el verbal y el no verbal, el biológico y el cultural, el mecánico y los valores...

La mediación: ella nos impone dialécticas entre todos estos campos, así como entre lo “micro” y lo “macro”, lo local y lo global...

 

La contradicción (potencial): ella es siempre el lugar de debates con resultados siempre inciertos entre las normas antecedentes enraizadas en los medios de vida y las tendencias a la renormalización resingularizadas por los seres humanos.


Yves Schwartz